De la sequía reciente, al exceso de lluvias: la zafra de invierno bajo El Niño “Godzilla”
El abrupto final del invierno y la irrupción de un fenómeno El Niño de gran intensidad marcan un giro climático que impactará de lleno en la producción agrícola y ganadera de Uruguay. Trigo, cebada y colza enfrentan riesgos de exceso hídrico y enfermedades, mientras la ganadería se beneficia en pasturas pero se expone a mayores desafíos sanitarios.

Varios especialistas en Meteorología, de Uruguay y la región, aseguran que no habrá transición estacional: el invierno se retira de forma abrupta y da paso a temperaturas elevadas y humedad creciente. Esta combinación es el "caldo de cultivo" para tormentas severas y lluvias abundantes, con riesgo de inundaciones en zonas bajas y suelos saturados.
Cultivos de invierno en alerta
El panorama climático que se avecina coloca a los cultivos de invierno en una situación delicada. Trigo y cebada, pilares de la producción nacional, podrían ver comprometidos sus rendimientos si las lluvias se vuelven excesivas en etapas críticas como la floración y el llenado de grano.
El exceso de agua no solo afecta la calidad del producto, sino que también incrementa la presión de enfermedades fúngicas como fusariosis, roya y septoriosis, que encuentran en la humedad un ambiente ideal para propagarse.
A esto se suma la posibilidad de retrasos en la cosecha: suelos anegados y caminos rurales intransitables pueden demorar la salida de la producción, generando pérdidas económicas y logísticas.
La colza, cultivo que ha ganado protagonismo en los últimos años, enfrenta otro tipo de desafío. Su sensibilidad a las temperaturas elevadas durante la floración la convierte en un cultivo vulnerable en este escenario de calor fuera de lo normal.
Además, la humedad excesiva compromete la calidad del grano y obliga a incurrir en mayores costos de secado, lo que puede erosionar los márgenes de rentabilidad.
Ganadería: pasturas y riesgos
En el plano ganadero, las lluvias abundantes traen consigo una oferta forrajera generosa, lo que asegura buena alimentación para el rodeo y permite sostener una mayor carga animal. Este aspecto es, sin duda, una ventaja para los productores que venían de años de sequía y escasez de pasturas.
Sin embargo, el exceso de agua también acarrea riesgos sanitarios. El barro y la humedad constante incrementan la incidencia de parasitosis y enfermedades en los rodeos, obligando a extremar cuidados y reforzar los planes de sanidad animal.
A esto se suma un problema recurrente en escenarios de lluvias intensas: la logística rural. Caminos deteriorados, accesos comprometidos y dificultades para sacar ganado, leche y granos hacia los centros de acopio o faena pueden transformarse en un obstáculo serio para la cadena productiva.
Oportunidades y amenazas
Tras años de sequía que golpearon duramente al sector, el ingreso de un fenómeno El Niño de gran intensidad abre un escenario dual para la producción agropecuaria.
Por un lado, se presenta una oportunidad clara: la recuperación hídrica permitirá recomponer reservas forrajeras y asegurar una base sólida para la alimentación animal durante el invierno y la primavera.
Los campos, que venían exhaustos por la falta de agua, tendrán ahora la posibilidad de regenerar pasturas y sostener una mayor carga ganadera, lo que representa un alivio para los productores.
Sin embargo, este mismo exceso de lluvias trae consigo amenazas significativas.
Los cultivos de invierno, como trigo, cebada y colza, enfrentan el riesgo de enfermedades fúngicas y complicaciones logísticas derivadas de suelos saturados y caminos rurales anegados.
Estrategias de resiliencia
La abundancia de agua, lejos de ser siempre beneficiosa, puede traducirse en pérdidas de rendimiento y calidad, además de retrasos en la cosecha y mayores costos de secado.
En este contexto, el sector agropecuario se ve obligado a pensar en estrategias de resiliencia.
La diversificación de cultivos aparece como una herramienta clave para mitigar riesgos, mientras que los seguros agrícolas deben reforzarse para dar estabilidad frente a la volatilidad climática.
A su vez, la planificación logística cobra un rol central: prever accesos, transporte y almacenamiento será tan importante como la producción misma.
Finalmente, el monitoreo sanitario intensivo en rodeos y cultivos se vuelve indispensable para anticipar y controlar los efectos de un clima que promete ser tan generoso en agua como desafiante en sus excesos.
Desafío complejo y decisivo
La zafra de invierno 2026 se perfila como un desafío complejo y decisivo. El agro uruguayo deberá actuar con rapidez y previsión para transformar la amenaza en oportunidad, reforzando su resiliencia frente a un fenómeno climático que promete marcar la temporada: El Niño “Godzilla”.




