Exportaciones caen 16% en agosto: China marca el pulso del comercio exterior uruguayo
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La baja en las ventas externas refleja la dependencia de un mercado clave y obliga a Uruguay a reforzar su estrategia de diversificación.

Un mes con números en rojo
El informe de Uruguay XXI reveló que las exportaciones de bienes —incluyendo zonas francas— alcanzaron en agosto USD 1.121 millones, lo que significa una caída del 16% interanual. La contracción se explica por menores colocaciones de carne bovina, soja y celulosa, tres pilares de la canasta exportadora.
Carne y celulosa, los rubros más golpeados
La carne bovina se mantuvo como principal producto exportado, con USD 214 millones (19% del total). Sin embargo, el volumen cayó 23%, y solo la firmeza de los precios internacionales evitó un retroceso mayor. La celulosa, segundo rubro en importancia, sumó USD 205 millones (18% del total), con descensos en sus dos principales destinos: China y la Unión Europea.
Soja y lácteos bajo presión
La soja registró ventas por USD 86 millones, un desplome del 70% interanual, directamente vinculado a la sequía que afectó la producción. Los lácteos, con USD 64 millones, retrocedieron 29%, especialmente por la caída en África.
Una excepción positiva
El único rubro que mostró crecimiento fue el de concentrados de bebidas, con un aumento del 31% y ventas por USD 63 millones, confirmando la diversificación de la industria alimenticia.
China sigue marcando el pulso del comercio
El gigante asiático compró USD 245 millones, pero con una baja del 46% interanual. Solo este retroceso explica 15 puntos de la caída total. En contraste, Brasil creció 30% (USD 182 millones), impulsado por vehículos y plásticos, y Estados Unidos aumentó 15% (USD 125 millones), con buena evolución en carne y celulosa.
Lectura estratégica
La fotografía de agosto confirma que China sigue marcando el pulso del comercio exterior uruguayo. La caída en ese mercado obliga a mirar con más fuerza hacia destinos alternativos como Estados Unidos y Brasil, que mostraron dinamismo.
Para el agro, el desafío es doble:
Capitalizar la firmeza de precios internacionales en carne y celulosa.
Mitigar la volatilidad climática que golpea a la soja y los lácteos.




