Uruguay sostiene su rodeo bovino mientras la majada ovina toca mínimos históricos
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El informe oficial del MGAP sobre el stock animal 2024/2025 confirma que el país mantiene más de 11 millones de bovinos, mientras los ovinos caen al nivel más bajo en 35 años. El rodeo lechero retrocede levemente y los equinos muestran un repunte. Además, se detallan cambios en la tenencia y uso del suelo.

Bovinos: estabilidad con crecimiento
El stock bovino uruguayo volvió a mostrar señales de fortaleza, con un aumento de 1,1% respecto al ejercicio anterior. El rodeo nacional se sostiene por encima de los 11 millones de cabezas, cifra que reafirma la centralidad de la ganadería vacuna en la economía y en las exportaciones del país. La estabilidad del rodeo bovino no es casual: responde a políticas de manejo, inversión en genética y a la demanda internacional de carne de calidad. Uruguay ha logrado mantener un equilibrio entre producción y sostenibilidad, lo que le permite consolidar su reputación en los mercados más exigentes. El crecimiento, aunque moderado, es significativo en un contexto regional de incertidumbre. La capacidad de sostener el stock bovino refleja la resiliencia del sector frente a variaciones climáticas y económicas. Pero mientras los vacunos sostienen la producción, otro rubro tradicional muestra señales de alarma: los ovinos.
Ovinos: caída preocupante

La majada ovina se redujo 11,7%, alcanzando el nivel más bajo en 35 años. Este dato marca un hito negativo en la historia reciente del rubro, que enfrenta una pérdida sostenida desde la década de 1990. La retracción compromete directamente la producción de lana, uno de los símbolos de la identidad rural uruguaya, y también la oferta de carne ovina, cada vez más limitada en el mercado interno y externo. Las causas son múltiples: competencia de otros rubros más rentables, dificultades de manejo y cambios en la demanda internacional. El resultado es un sector debilitado que requiere estrategias urgentes de recuperación. La caída ovina plantea un desafío para la diversificación productiva del país, que no puede depender exclusivamente de los bovinos si busca estabilidad a largo plazo. Y en paralelo, otro sector estratégico también muestra señales de ajuste: la lechería.
Rodeo lechero: leve retroceso

El stock de vacas lecheras cayó 0,9%, un ajuste moderado pero que refleja tensiones en el sector lácteo. La lechería uruguaya enfrenta presiones de competitividad, costos crecientes y mercados internacionales cada vez más exigentes. La baja en el rodeo lechero, aunque pequeña, es un indicador de las dificultades que atraviesan los productores. La necesidad de modernizar sistemas, mejorar productividad y acceder a nuevos mercados es cada vez más evidente. El sector lácteo sigue siendo estratégico para Uruguay, tanto por su aporte económico como por su rol social en miles de familias rurales. Sin embargo, la tendencia obliga a repensar políticas de apoyo y financiamiento. Mientras tanto, otro rubro con fuerte arraigo cultural sorprende con un repunte: los equinos.
Equinos: repunte sostenido

La población de caballos creció 1,7%, un dato que muestra vitalidad en un rubro con fuerte arraigo cultural y productivo. Los equinos cumplen funciones diversas: desde el trabajo rural hasta la recreación y el deporte. El repunte equino refleja la importancia de mantener tradiciones vivas en el campo uruguayo, donde el caballo sigue siendo símbolo de identidad y herramienta de trabajo. Además, el crecimiento del stock equino aporta diversidad al panorama ganadero, complementando la producción bovina y ovina. Este aumento confirma que, más allá de los desafíos de otros rubros, el vínculo entre los uruguayos y los caballos permanece sólido y en expansión.
Uruguay mantiene su fortaleza bovina, clave para la economía nacional, pero enfrenta un retroceso crítico en ovinos y un ajuste en el rodeo lechero. El repunte equino aporta diversidad, mientras la distribución de la tierra confirma la centralidad de la ganadería en el uso del suelo. El desafío para el país será equilibrar su fortaleza bovina con la recuperación de sectores en retroceso, diversificando la matriz productiva y asegurando sostenibilidad en el uso del suelo. Solo así podrá consolidar un agro competitivo y resiliente frente a los cambios globales.




