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La nueva frontera orgánica: ¿Retroceso o reinvención para América Latina?

  • 22 jul 2025
  • 2 Min. de lectura
En Europa, lo orgánico dejó de ser solo salud o sustentabilidad: ahora es símbolo político y sello comercial excluyente. Con la reciente actualización de la normativa que regula la producción orgánica en la Unión Europea (UE), miles de pequeños productores latinoamericanos enfrentan una disyuntiva crítica: reconvertirse a costa de su modelo cooperativo… o abandonar el mercado europeo.

La nueva regulación exige auditorías costosas, certificaciones individuales y estructuras productivas casi imposibles para modelos de subsistencia. Se estima que los costos anuales de certificación pueden rondar los 6.000 dólares, cifra impagable para miles de agricultores familiares.


“La orgánica deja de tener sentido, porque la UE está exigiendo que los más pequeños cambien su estructura cooperativa. Según los europeos, si tienes seis hectáreas eres grande, pero en Latinoamérica sigues siendo un productor pequeño”, señala Marike De Peña, vicepresidenta de la CLAC y referente internacional en comercio justo.

¿Y Uruguay? ¿Y el MERCOSUR?

En este contexto, Uruguay y el MERCOSUR tienen una oportunidad clave para plantarse con visión estratégica. No se trata solo de cumplir exigencias ajenas, sino de proponer un modelo sostenible y equitativo. Desde CharrúaTV, canal multiplataforma referente en comunicación agroindustrial, apoyamos este debate con una mirada crítica, territorial y propositiva.


Propuestas clave desde el sur global:

  • Reformar el concepto de “pequeño productor” según el contexto latinoamericano.

  • Crear certificaciones regionales adaptadas, valorando la biodiversidad y justicia social.

  • Difundir el relato agroecológico uruguayo, con énfasis en bienestar animal y resiliencia.

  • Reorientar exportaciones hacia mercados como EE.UU. y Canadá, más receptivos a formatos híbridos.

  • Consolidar bloques de negociación, posicionando al MERCOSUR como actor relevante en las discusiones multilaterales.

“Los productores pequeños no pueden poner todos sus huevos en una canasta”, advierte Paola Ramón, coordinadora de NEXT, iniciativa financiada por la UE. “Hacen orgánico y convencional. Además, las estructuras familiares heredadas fraccionan la tierra. La normativa europea es súper macro y muy difícil de cumplir”.

Este no es solo un debate técnico. Es una batalla por el reconocimiento de realidades productivas invisibilizadas en las grandes mesas regulatorias. Es momento de plantarse con datos, relato y visión regional.

 
 
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