La soja uruguaya entre la sequía y las lluvias: una campaña marcada por la adversidad
- hace 3 días
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Las precipitaciones de marzo llegan tarde y suman incertidumbre a una cosecha ya golpeada
La campaña de soja 2025/2026 en Uruguay se ha convertido en un retrato de la vulnerabilidad del agro frente a la variabilidad climática. Tras meses de sequía que castigaron duramente al sur y centro del país, las lluvias intensas de finales de marzo irrumpen en un momento crítico: a pocos días del inicio de la cosecha.

Sin embargo, lejos de ser un alivio, estas precipitaciones llegan demasiado tarde para revertir el daño y, en muchos casos, añaden nuevos problemas.
Un déficit hídrico que marcó la campaña
Desde finales de 2025, los departamentos al sur del río Negro —con Colonia y Soriano como epicentro— sufrieron precipitaciones muy por debajo de lo normal. La soja de primera fue la más afectada: plantas que no lograron completar su ciclo reproductivo y rindes que en las zonas más golpeadas apenas alcanzan los 500–700 kg/ha. En los mejores lotes, los números apenas llegan a 2.000–2.250 kg/ha, muy lejos del potencial inicial de 2.800 kg/ha.
La consecuencia es una caída productiva estimada en torno al 50% respecto a campañas anteriores. El gobierno, consciente de la magnitud del impacto, declaró y extendió la emergencia agropecuaria por déficit hídrico, reconociendo la gravedad de la situación para soja y maíz.
Lluvias que complican más que ayudan
Las precipitaciones de marzo, que en algunas zonas superaron los 60–90 mm, no logran revertir el daño estructural. La soja ya atravesó etapas clave como la floración y el llenado de grano, donde la falta de agua redujo irreversiblemente el potencial.
Ahora, el exceso de humedad plantea nuevos riesgos:
Operativos: suelos saturados dificultan el ingreso de maquinaria y retrasan la cosecha.
De calidad: la soja madura es muy sensible a la humedad, lo que puede provocar germinación en planta, aparición de hongos y pérdida de valor comercial por menor proteína y aceite.
Fisiológicos: en lotes debilitados por la sequía, el brusco cambio a exceso de agua favorece patógenos y agrava el estrés de las plantas.
En zonas con soja de segunda, las lluvias podrían aportar marginalmente al llenado final, pero los técnicos coinciden: “llegan tarde” para salvar la campaña de verano.
Consecuencias más allá de la soja
No todo es negativo. Las lluvias sí ofrecen un alivio parcial para las pasturas, mejorando la disponibilidad de forraje para el invierno y dando oxígeno a los sistemas ganaderos y mixtos. También facilitan la siembra de cultivos de invierno, que ahora concentran las expectativas de los productores.
Pero la presión financiera se intensifica: bajos volúmenes de producción combinados con posibles descuentos por calidad generan un escenario de mayor estrés económico, en un sector que ya venía golpeado por campañas anteriores.
Un cierre bajo incertidumbre
El desenlace dependerá de cómo evolucionen las lluvias en los próximos días y de las condiciones durante la cosecha. Por ahora, el panorama es de desazón y complejidad: una campaña que no solo quedó marcada por la sequía, sino que ahora enfrenta el desafío de cosechar bajo exceso de agua.
La mirada del agro uruguayo ya se desplaza hacia la campaña de invierno, en busca de mitigar pérdidas y recuperar algo de estabilidad en un año que quedará grabado como uno de los más difíciles para la soja en el país.




